1. El universo, el sistema solar y la Tierra
El universo se
originó hace unos 13 700 millones de años debido, según los
astrónomos, a la explosión (el big bang) de una pequeña masa que
concentraba toda la materia y la energía existentes. Está formado por astros o
cuerpos celestes, por materia interestelar (polvo y gas) y por
el espacio que los separa.
Los astros se agrupan en el
universo formando galaxias o
acumulaciones de estrellas, como la Vía Láctea, donde se
encuentra la Tierra. Cada galaxia puede contener miles de millones de
estrellas y numerosos sistemas planetarios, integrados por una
estrella y los cuerpos celestes que giran en torno a ella: planetas,
satélites, asteroides y cometas.
El sistema solar es
el sistema planetario del que forma parte la Tierra. Surgió hace unos 5 000
millones de años, y comprende el Sol, que es una estrella
de tamaño medio, ocho planetas (entre ellos la Tierra) y numerosos
satélites, asteroides y cometas. La Luna es el único satélite
de la Tierra. Podemos afirmar, por tanto, que la Tierra es un diminuto punto en
el inmenso universo.
La Tierra se formó hace unos
4 600 millones de años. Es el único planeta del
sistema solar donde existe vida, que se inició, en forma de bacterias y
algas, hace más de 2 000 millones de años. Esto fue posible porque
en la Tierra se dan tres circunstancias que la diferencian de los demás
planetas de nuestro sistema solar:
- La temperatura es
moderada, pues se
encuentra a la distancia adecuada del Sol: unos 150 millones de
kilómetros.
- La atmósfera, o capa gaseosa que la envuelve, contiene
gases imprescindibles para la vida, como el oxígeno. Además, la
atmósfera protege a la Tierra de las radiaciones solares dañinas y ayuda a
regular su temperatura.
- El agua
líquida es abundante. Esta agua ocupa gran parte de la superficie terrestre, formando
océanos y mares, y es la responsable de que la Tierra se vea desde el
espacio como un planeta azul. La Tierra es el único planeta del sistema
solar donde hay agua permanentemente en estado líquido en la superficie.
Las dimensiones de
la Tierra son de 510 millones de km2, unas mil veces la superficie de
España. A pesar de ello, nuestro planeta es un astro pequeño en el conjunto
del universo. El Sol, por ejemplo, es un millón trescientas mil veces más
grande que la Tierra.
La forma de la
Tierra es de geoide o esfera imperfecta, es decir, es ligeramente más ancha
en el ecuador que en los polos.
2. Los
movimientos de la Tierra (I). La rotación
El universo está en continuo movimiento, igual que los
astros que lo componen. Por ejemplo, la Vía Láctea gira sobre sí misma,
completando una vuelta cada 255 millones de años; y nuestro sistema solar gira
en torno al centro de la Vía Láctea.
La Tierra también se mueve continuamente, realizando
dos movimientos: el de rotación y el de
traslación.
El movimiento de rotación
es el giro de la Tierra sobre sí misma, alrededor de un eje
imaginario cuyos extremos son los polos. Este movimiento tarda en completarse un día solar, es decir, algo
menos de 24 horas (23 horas, 56 minutos y 4,091 segundos).
El movimiento de rotación de la Tierra tiene tres consecuencias:
- La sucesión del día y de
la noche. Debido a la rotación, en todos los
lugares de la Tierra se suceden regularmente el día y la noche. Esto se
debe a que la luz solar ilumina y calienta solo una mitad de la superficie
terrestre (día); y la otra mitad permanece en la oscuridad y se enfría
(noche).Si la Tierra no girara sobre sí misma, la mitad del planeta
estaría siempre iluminada y alcanzaría temperaturas altísimas, mientras
que la otra mitad permanecería en la oscuridad y padecería un frío extremo.
En estas circunstancias, sería imposible la vida.
·
La existencia
de diferentes horas. El conocimiento científico de la
rotación nos permite dividir el día solar en 24 partes iguales, llamadas horas;
dividir la Tierra en 24 franjas
imaginarias de una hora, llamadas husos horarios, y medir el tiempo. La existencia
de diferentes horas. El conocimiento científico de la rotación nos permite
dividir el día solar en 24 partes iguales, llamadas horas; dividir la Tierra en
24 franjas imaginarias de una hora, llamadas husos horarios, y
medir el tiempo. Los husos horarios resultan de dividir los 360˚ de la esfera
terrestre entre las 24 horas del día. Son, por tanto, franjas de 15˚ de
circunferencia, y cada uno equivale a una hora.
Para establecer la hora de un lugar
se toma como referencia el huso donde se localiza el meridiano 0˚ o de Greenwich, una localidad cercana a
Londres, Reino Unido. A partir de él, el reloj se adelanta una hora por cada
huso hacia el este; y se atrasa una hora por cada huso hacia el oeste.
·
La existencia de los puntos cardinales. Este movimiento
del Sol es solo aparente, pues es nuestro planeta el que se mueve en torno al
Sol. Pero nos permite localizar los puntos cardinales o puntos
básicos de referencia para orientarnos en la Tierra: el norte, el sur,
el este y el oeste.
Los puntos cardinales nos permiten orientarnos. Para
ello, debemos poner los brazos en cruz y señalar con el brazo derecho el Oriente
o lugar por donde sale el Sol por la mañana.
3. Los movimientos de la Tierra (II). La traslación
El movimiento de traslación
es el giro de la Tierra alrededor del Sol. Se realiza en
dirección oeste-este, y tarda en completarse 365 días y 6 horas, es decir, un año solar. Como cada año
tiene 365 días, las seis horas sobrantes se acumulan y, cada cuatro años, hay
un año bisiesto en el que se añade un día al mes
de febrero.
Durante la traslación, la Tierra describe una
trayectoria elíptica, llamada órbita,
estando su eje inclinado respecto al plano de la órbita. En este viaje anual
alrededor del Sol, la Tierra recorre una distancia aproximada de 930 millones
de kilómetros, a una velocidad de 106 000 km/h.
La
inclinación del eje de la Tierra provoca que, durante la
traslación, cada hemisferio se encuentre en posiciones distintas respecto al
Sol, calentándose más o menos. Este hecho provoca la existencia de distintas
estaciones: verano, invierno, primavera y otoño. Así, cuando un
hemisferio (norte o sur) se encuentra «adelantado» hacia el Sol, se calienta
más y es verano; cuando se encuentra «retirado» respecto al
Sol, se calienta menos y es invierno; y cuando no está ni
adelantado ni retirado, es primavera u otoño.
Una consecuencia del movimiento
de rotación son los solsticios y los equinoccios. En los equinoccios,
los rayos solares caen perpendiculares en el ecuador. Por eso, el día y la
noche duran igual en los dos hemisferios, 12 h, y serían los días 21 o 22 de
marzo, equinoccio de primavera y el de otoño el 22 o 23 de septiembre.
En
los solsticios, los rayos
solares caen perpendiculares en uno de los trópicos; en este caso, en el de
Cáncer. Como consecuencia, el día dura más en el hemisferio norte y menos en el
hemisferio sur. El de invierno el 22 de diciembre y el de verano el 21 de
junio.
El movimiento de traslación tiene, además, otras
consecuencias:
- La distinta duración del día y de
la noche en los lugares de la Tierra. La
variación se debe a la posición
respecto al eje terrestre del círculo de iluminación, o línea que
separa el día y la noche. Por eso los días se hacen más cortos en otoño e
invierno y más largos en primavera y verano.
- La existencia de zonas térmicas. Se
debe a la distinta inclinación de los rayos solares en cada zona, pues
calientan más o menos según caigan perpendiculares, o más o menos
inclinados. De esta manera tenemos 3 zonas climáticas en la Tierra:
— En la zona cálida, los rayos caen
más perpendiculares, por lo que las temperaturas son siempre cálidas. Situada
entre los trópicos.
— En las zonas templadas caen
inclinados; de ahí que sus temperaturas sean moderadas. Situada entre los
trópicos y los círculos polares.
— Y en las zonas frías caen
muy inclinados, por lo que las temperaturas son siempre muy frías. Dentro de los
círculos polares.
4. La representación del espacio terrestre
Los geógrafos representan el espacio geográfico por
medio de mapas. Un mapa es
una representación simplificada de la
superficie esférica de la Tierra, o de una parte de ella, sobre un plano.
Para confeccionarlo, los cartógrafos utilizan una red geográfica, un
sistema de proyección, una
escala y diversos signos
convencionales.
La localización de cualquier punto de la superficie
terrestre sobre un mapa requiere disponer de una red geográfica. Es
decir, un sistema de coordenadas formado por dos tipos de líneas imaginarias:
los paralelos y los meridianos.
- Los paralelos son
círculos perpendiculares al eje de rotación terrestre. El principal, o
paralelo 0˚, es el ecuador, que divide a la Tierra en dos mitades o
hemisferios, el norte y el sur. Otros paralelos importantes son los trópicos de Cáncer y de Capricornio, y
los círculos polares ártico y antártico.
- Los meridianos son
semicírculos que van de polo a polo. El principal, o meridiano 0˚, es el
que pasa por Greenwich, cerca de Londres.
Gracias a esta red geográfica, puede localizarse
cualquier punto sobre un mapa, calculando su latitud y su longitud medidas en
grados.
- La latitud es
la distancia desde cualquier punto de la Tierra al ecuador. Puede ser
norte o sur.
- La longitud es
la distancia desde cualquier punto de la Tierra al meridiano 0˚, o de
Greenwich. Puede ser este u oeste.
Para elaborar un mapa, es necesario elegir también
tres tipos de elementos: el sistema de proyección, la escala y los signos
convencionales.
- El sistema
de proyección es el método que permite
representar la superficie esférica de la Tierra sobre un plano. Para ello,
se traslada la red de paralelos y meridianos a un plano (proyección plana)
o a una superficie que pueda desarrollarse sobre un plano, como el
cilindro (proyección cilíndrica) o el cono (proyección cónica).
- La escala es
la relación que hay entre una distancia medida sobre el mapa y la
correspondiente distancia medida sobre el terreno. Las escalas más
habituales son la gráfica y la numérica.
- Los signos convencionales son
colores, signos o símbolos usados para representar la realidad de forma
simplificada. Su significado se explica en la cartela del mapa.
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